Andy Warhol decía algo así como que “no es signo de buena salud estar bien adaptado a un mundo profundamente enfermo.” Y la verdad, no puedo estar más de acuerdo. Tengo un respeto especial por las personas rebeldes, esas que llaman “ovejas negras”. Porque, en un sistema que insiste en encajarnos a todos en moldes, ser una oveja negra no es un defecto. Es un acto de valentía.

El término “oveja negra” viene de los pastores, quienes preferían a las ovejas de lana blanca porque su lana podía teñirse de cualquier color. La negra, en cambio, no podía ser “adecuada” ni “moldeada” a sus necesidades; su lana siempre iba a ser negra. Así que, en lugar de valorarla por su autenticidad, era despreciada. No cumplía con las expectativas, no se “adaptaba” al rebaño. Así de simple: o encajas o eres “el problema”.

Y, claro, pasa igual en las empresas. ¿Cuántos de nosotros hemos visto a los “rebeldes” de la oficina —esos que cuestionan, que piensan diferente, que no tienen miedo de desafiar el status quo— ser etiquetados como conflictivos, problemáticos, o hasta “inadaptados”?

Pero, ¿qué pasaría si empezáramos a ver a las ovejas negras como activos y no como obstáculos?

Imaginen un lugar de trabajo donde se valore la diferencia, donde se fomente la innovación y donde no te pidan adaptarte solo por cumplir. Porque, ¿saben qué? Las ovejas negras no solo existen en los cuentos ni en el campo; están en cada equipo, en cada oficina, en cada empresa. Son esas personas que tienen el potencial de cambiarlo todo… si tan solo les dieran el espacio para ser ellos mismos.

¿Eres una oveja negra o conoces a alguien que lo sea? ¡Únete a la conversación y celebra la diferencia!

#MiMarcaPersonal en Gestión Humana.

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