miércoles, 10 de agosto de 2016

Dónde amarrar el caballo

Desde Invermedios trabajamos con diferentes organizaciones en la mejora de sus estructuras, procedimientos y controles desde una perspectiva sistémica. En concreto, implementamos el conjunto de buenas prácticas —framework— de gestión que reunió Peter Senge en el Centro para el Aprendizaje Organizacional del MIT. (No tenemos ninguna relación con ellos, solamente tomamos su framework y lo implementamos.) El corazón de Probos, nuestra herramienta de software, sigue también un modelo sistémico y vez tras vez ha demostrado su utilidad. El principal problema que hemos encontrado en nuestras implementaciones no es la reacción al cambio por costumbre, sino y muy tristemente, la reacción al cambio por miedo al dueño. Cientos de malas prácticas que arropan a las organizaciones y afectan a todos sus relacionados (clientes, colaboradores, inversionistas) están allí por una combinación malsana entre un jefe imponente y un empleado o consultor mediocre, la máxima conformista se resume en un triste refrán: el caballo se amarra donde diga el dueño, ¡aunque se ahorque!
Donde diga el dueño

Recuerdo una vez en la que estábamos reunidos para la mejora de un proceso con el equipo de gerentes de una empresa. Era una reunión previa (informativa) a otra (ejecutiva) en la que participaría el gerente general que era al mismo tiempo el principal propietario. Ante tres alternativas para la solución del problema todos los gerentes eligieron mecánicamente la peor, pues no estaban decidiendo lo que era lo mejor para el negocio, sino, qué era lo que tradicionalmente había aprobado el gerente general. Como es natural, nosotros impulsábamos la que entendíamos era la mejor alternativa y todos estuvimos argumentando a favor de una o la otra por un buen tiempo. Al final, uno de los gerentes quiso cerrar el tema con la peor de las alternativas y dijo el lamentable refrán: —Entiendo que la mejor alternativa es la que ustedes sugieren, pero el caballo se amarra donde diga el dueño, ¡aunque se ahorque!

Dónde no se ahorque

Tuve que contenerme un poco, pues realmente me molesta mucho esa actitud, pero pude responderle con calma. No podemos amarrar el caballo donde diga el dueño —le respondí—, pues a nosotros nos pagan (precisamente) para que el caballo no se ahorque; si se ahorca el caballo, nos quedamos sin trabajos nosotros, ustedes y también el dueño. Al final todos nos reímos un poco y decidimos presentar dos alternativas de solución: la mejor alternativa y la que los gerentes entendían que el dueño esperaba recibir. Argumentamos a favor de la mejor en la reunión ejecutiva y se terminó aprobando. Nos paramos de la mesa y el dueño me preguntó la razón por la que presentamos esa segunda alternativa tan pobre teniendo de antemano la mejor solución. Naturalmente le respondí: la presentamos, porque su equipo quería que se ahorcara el caballo.

Por Rafael Pérez
Fuente: http://invermedios.com/donde-amarrar-el-caballo/

lunes, 18 de julio de 2016

COACHING | El cáncer de la empresa: la ley del silencio


Una de las enfermedades más graves que me encuentro en todas las empresas es la ley del silencio. Me refiero a la falta de comunicación entre las personas frente a los problemas. Por ejemplo, todos los días en las empresas surgen diferencias, roces, malentendidos, etc. Lo ideal frente a esas situaciones es que se hablen las cosas cara a cara, con franqueza, con respeto, con las formas adecuadas buscando el entendimiento y una resolución efectiva. La triste realidad es que la respuesta más común suele ser el callarse, mirar para otro lado, hablar en voz baja y a las espaldas echándose la culpa unos a otros.

“Lo ideal frente a esas situaciones es que se hablen las cosas cara a cara, con franqueza y con respeto.”

En consecuencia, la falta de comunicación cara a cara genera desconfianza, la desconfianza conduce a la falta de compañerismo y esto último desencadena desunión y falta de equipo. El resultado es que la empresa, en vez de ser un equipo unido donde todos reman en la misma dirección y con la misma intensidad, me encuentro con que la plantilla está dividida en pequeños grupos, por afinidad, que se hacen la guerra unos a otros. Es como tener enemigos en tu propia casa. No es de extrañar que a la empresa le cueste trabajo sobrevivir.

Las plantillas suelen estar divididas en pequeños grupos, por afinidad, que se hacen la guerra unos a otros.

En mi experiencia profesional, las principales causas de esta falta de comunicación son tres: la falta de inteligencia emocional, la falta de capacidades de comunicación y la cultura española del “chivato”. Me explico, si aplicáramos el sentido común, todo el mundo en frío está de acuerdo en que la forma de resolver los conflictos es hablando cara a cara con la persona con la que tienes el problema. El desafío es que en caliente nos dejamos dominar por las emociones como el orgullo (yo tengo la razón), la rabia (es injusto que no respete mi opinión) y el miedo (y si se reacciona negativamente). Es precisamente el miedo el que domina en la mayoría de las situaciones y nos hace callarnos y mirar a otro lado.

Las principales causas de esta falta de comunicación son la falta de inteligencia emocional, la falta de capacidades de comunicación y la cultura española del “chivato”.

La falta de capacidades de comunicación me refiero a que para poder llegar a un entendimiento es necesario el poder dialogar. Dialogar es un tipo de conversación constructiva que exige la capacidad de escuchar con atención e interés de comprensión la opinión del otro, y la capacidad de hablar, expresarse y explicar nuestro punto de vista de forma respetuosa. Evidentemente las anteriores son habilidades complejas y que tristemente no se enseñan ni en el colegio, ni en el instituto, ni en la universidad, de aquí que todos presentemos tantas carencias en estos aspectos.
Por último está la cultura del chivato. Esta palabra tiene una connotación negativa equivalente a ser delator, acusador, soplón. Este significado se traduce en la práctica en que, cuando uno observa a otro compañero actuando de forma negligente o tóxica, para no ser chivato, se calla y mira para otro lado, sin darse cuenta que ese comportamiento de dejadez o pasotismo es igual de malo, lo convierte en cómplice del primero y permite que el problema persista. Lo ideal en esa situación es acercarse a hablar al compañero con el ánimo de ayudarle, eso es ser proactivo, valiente, inteligente, pero igualmente requiere de inteligencia emocional y capacidades de comunicación.

La palabra chivato tiene una connotación negativa equivalente a ser delator, acusador, soplón. 

Para solucionar esta enfermedad en la empresa empleamos varias herramientas. Desde formación en resolución de conflictos hasta  reuniones mensuales de empresa donde se fomenta la educación continua. Los cambios no suceden de la noche a la mañana pero tenemos resultados muy bonitos como que, después de una década, la plantilla por iniciativa propia decida retomar las comidas de navidad costeadas por ellos mismos.

Por |12 mayo 2016
http://www.activatalento.com/coaching-el-cancer-de-la-empresa-la-ley-del-silencio/

 

lunes, 20 de junio de 2016

miércoles, 3 de febrero de 2016

Carta abierta de un desempleado a los entrevistadores

Hola amigos de mi blog!

No puedo dejar de publicar este post, totalmente inspirada por Agustí López de su blog "Somos personas, no recursos". Soy reclutadora y estoy totalmente de acuerdo con este planteamiento. Espero que les guste y compartas. Hasta la próxima.

 
 Estimados Señores,


Me he decidido a escribirles esta carta debido a mi creciente desánimo sobre mis posibilidades de superar un proceso de selección.
Nunca se me ha dado bien venderme en las entrevistas ni soy una persona extrovertida a la que le guste hablar de sí mismo. Sin embargo de lo que sí estoy seguro es de que soy un buen profesional. Pero es que en los últimos meses las cosas se han puesto muy difíciles.

Yo busco una empresa en la que poder trabajar de lo que yo sé, de contable. Cuando acabé los estudios entré a trabajar en la mayor empresa de mi ciudad, una pequeña ciudad del interior con un más pequeño polígono industrial. Se trataba de una empresa que fabricaba piezas para coches, así que estoy muy capacitado en todo lo que se refiere a control de costes y análisis de rentabilidad. Nunca tuve necesidad de cambiar de ciudad o de puesto, jamás nadie pensó que podrían cerrar un año antes. De hecho entré a trabajar allí porque mi padre era el Jefe de Taller y pudo arreglarlo hablando con el Director de la Planta. Al ser su hijo no tuve demasiados problemas para entrar allí y luego todo fue rodado.

Ha sido ahora cuándo he tenido que preparar mi curriculum. En el Servicio de Empleo me ayudó un orientador el cuál de hecho era funcionario desde muy joven y no había buscado un empleo en su vida. Aún así me proporcionó mucha información sobre dónde buscar el empleo y cómo afrontar un proceso. Él ya me expuso las dificultades a las que me enfrentaba y me puso en aviso de cómo estaba el mercado laboral. Pero se quedó corto.
Además me aconsejó un curso de Finanzas para no financieros que al final no resultó lo que yo esperaba. Mis compañeros de curso no tenían conocimientos básicos sobre contabilidad y eso hizo que muchas de las sesiones fuesen realmente repetitivas para mí.

Tengo 48 años y llevo ya más de uno en el paro. Me cuesta conseguir entrevistas, entiendo que la edad es un inconveniente, pero les aseguro que yo estoy dispuesto a trabajar como el que más. Ni mis conocimientos son obsoletos ni mis prácticas anticuadas. No comprendo como mi experiencia no es un valor seguro para muchas empresas; conozco mi trabajo en profundidad, algo que cuesta muchos años de dedicación. Y ahora me siento robado, dejado de lado por todos.

No entiendo muchas de las preguntas que ustedes hacen en las entrevistas. En la última la entrevistadora, que tendría por lo menos 20 años menos que yo, dedicó más tiempo a preguntarme por mis aficiones y gustos que por mis conocimientos de contabilidad. De hecho ella no conocía con profundidad las tareas que yo domino ni mucho menos las herramientas informáticas que utilizo con regularidad. Así que , ¿cómo iba a saber valorarme en justa medida?

Me cuesta comprender algunas de las pruebas que me hacen pasar. Recuerdo especialmente una en la que junto a otros candidatos teníamos que ir listando palabras que empezasen por P. ¿Con qué finalidad? Lo desconozco. En otra prueba había que emparejar fichas de dominó según una serie a completar.
Pero en ningún caso nadie me hizo cuadrar un balance, realizar un mínimo análisis de rentabilidad o ni siquiera poner a prueba mi habilidad con la informática.

Otras de las preguntas más hipócritas a las que he tenido que responder es que porqué me había presentado al proceso, o qué es lo que yo esperaba de la empresa, o si me había informado antes sobre ellos. Pero, ¿qué más dará? ¿De verdad eso es determinante? 
En el último proceso justo antes de acabar el entrevistador me pidió que le diera una razón por la que debía contratarme a mí y no a ningún otro candidato. ¡Pero si no les conozco!, ¿cómo voy a compararme? ¿Qué quiere que le diga? ¿Que le mienta? ¿Es eso? ¿Se trata de decir las palabras clave, justo esas que están deseando escuchar?

Un entrevistador que tendría la edad de mi hermano pequeño estuvo preguntándome sobre mi grado de implicación y compromiso en las empresas en las que había estado trabajando. Me pidió saber si me había informado de su empresa con antelación, si conocía los productos que fabricaban, si sabía en definitiva cuáles eran sus valores.

Miren, señores. Yo sólo quiero un empleo. Uno en el que volver a sentirme digno, uno que me permita levantarme todas las mañanas con nueva ilusión. Una empresa que me quiera por lo que contribuyo, que me respete y cuente conmigo. 

Fuente: https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=5181160943509655039#editor/target=post;postID=1904492303078890324

"Lo que diferencia a una empresa que tiene éxito de otra que no lo tiene son, ante todos, sus recursos humanos".
-Anónimo-